Músicos profesionales y aficionados

El Chile de fines del XIX experimentó una serie de transformaciones políticas y sociales que llevaron a consolidar nuevas relaciones frente a un escenario de inestabilidad. Uno de los grandes desafíos fue la búsqueda de mejores condiciones materiales y de vida en un momento de gran movimiento de habitantes dentro del país, que ya había iniciado a mediados del siglo XIX y se vio incrementado tras la Guerra del Pacífico. Este proceso fue conocido como la migración campo-ciudad.

El arribo de grandes cantidades de población a los principales centros urbanos del país generó importantes conflictos, puesto que llegaron a un espacio que, en términos de infraestructura, no estaba listo para recibir a esa cantidad de personas. Una de las consecuencias que experimentaron ciudades como Santiago, Valparaíso, Iquique, Concepción, entre otras, fue que debido a la sobrepoblación las y los habitantes vivieron en situaciones de hacinamiento, lo que provocó una crisis de salubridad generalizada. Este conflicto fue conocido en la prensa de la época como la “cuestión social”. Frente a la ineficacia para encontrar una solución al conflicto y la falta de regulación de las condiciones laborales en las que trabajaban las personas, fue un periodo del auge del movimiento obrero que buscó otorgar soluciones a aquellas familias que llegaron a habitar la ciudad, pues en ella pensaban que encontrarían mejores oportunidades laborales para poder vivir.

Una de las formas que encontraron las y los trabajadores para motivar su organización y promover su ideario político fue a través de la creación de filarmónicas artísticas y espacios de sociabilidad obrera en donde la música jugó un rol central. En estas instancias se pretendía combatir el analfabetismo a partir, por ejemplo, de la práctica musical formando agrupaciones como bandas o estudiantinas que, muchas veces, amenizaban los mismos eventos de sociabilidad obrera en las tertulias, rifas o paseos campestres. Las y los músicos que participaban en estas agrupaciones eran aficionados, puesto que no tenían una dedicación exclusiva, ni remunerada de esta actividad y, sobre todo, porque no tenían pretensiones de dedicarse a la música como profesión.

Los músicos profesionales, por su parte, también fueron partícipes de este tipo de asociaciones que promovían la organización obrera. En la mayoría de las filarmónicas o bandas de músicos obreros había músicos profesionales que dirigían orquestas, números artísticos y, a la vez, oficiaban de profesores. Por ejemplo, el maestro Mario La Mura, fue un miembro reconocido por su comunidad y nombrado en la prensa de la época como un personaje que promovió las prácticas musicales amateurs. En una nota de 1904, se comenta una ópera dirigida por él e interpretada por aficionados:

“¡Una ópera por aficionados! Pero, ¿qué van á hacer ellos? ¿No es una temeridad, una locura, un insulto que se atrevan á querer interpretar lo que artistas distinguidos sólo alcanzan á fuerza de largos años de estudio? Las preguntas y el asombro que se refleja en ellas era cosa natural; nadie podrá imaginar que, dados los escasos elementos de que se dispone, pudiera llegar á formarse un cuadro de amateurs líricos capaces de abordar con rara felicidad una representación de obras clásicas, conocidas del público, y en cuyas múltiples audiciones se ha mostrado siempre juez severo é inapelable. Convendríamos en que un numero de canto aislado, una romanza dificultosa, la interpretación misma de una comedia, de un entremés, de una zarzuela del género chico, no fueran obstáculos para simples aficionados, pero una ópera como Pagliacci ó Hermani… Sin embargo, la realidad lo ha demostrado, las espectativas y esperanzas del público han quedado muy por debajo de los hechos, pues, esos simples aficionados han podido probar que pueden tanto cuanto necesita un actor discreto y correcto para arrancar los aplausos del público que lo escucha.” 1

 

Imagen del maestro Sr. La Mura, y los “amateurs” que tomaron parte en “Pagliacci”. «En el teatro de la Victoria», Sucesos 29/07/1904.

 

Imagen del grupo de señoritas y jóvenes que tomaron parte en los coros de ‹Pagliacci›. .«En el teatro de la Victoria», Sucesos, 29/07/1904.

Para el maestro La Mura y otros, el fomento de las prácticas musicales dirigidas a grupos de aficionados era también un importante espacio laboral que ayudaba a consolidar su carrera profesional. El rol y la identidad profesional de las y los músicos en tanto trabajadores fue delineándose también durante este periodo.

El músico Pablo Garrido, por ejemplo, además de destacar por su trabajo en la interpretación, composición y enseñanza también contribuyó en su labor de defensa gremial al trabajo artístico de las y los músicos. Garrido, ayudó a definir la concepción de músicos trabajadores hacia un proyecto de sindicalismo musical, apuntando hacia los profesores orquestales o profesionales, es decir, quienes vivían de la música y se asociaban con el fin de mejorar sus condiciones laborales. Esto implicaba definirse como trabajadores y no solo como artistas, e inspirado en el modelo de las organizaciones obreras del periodo tomó algunas de sus estrategias como la organización de un congreso nacional, tal como había hecho el movimiento obrero desde el Congreso Social Obrero de 1900. 2

Con todo, podemos plantear que la música cumplió un rol importante dentro del movimiento obrero, proveyendo de contenido artístico en los espacios de sociabilidad. Allí la música fue clave no solo como número artístico en tertulias o fiestas, sino que también como constructora de espacios de participación activa en la práctica musical, especialmente cuando iba dirigida a aficionados de gremios obreros. Por su parte, el movimiento obrero, fue clave para la organización gremial de músicos y la construcción de su identidad profesional en tanto trabajadores del mundo artístico.

Por Estefanía Urqueta
Investigación Fondecyt 11221019


1“En el teatro de la Victoria”, Sucesos 29/07/1904

2Karmy, Eileen. 2021. Música y trabajo. Organizaciones gremiales de músicos en Chile, 1893-1940. Santiago de Chile: Ariadna Ediciones, pp. 190-191.